críticas y reseñas/literatura

Reseña de “La edad ganada” en Hispania por Patricia López-Gay

La edad ganada by Mar Gómez Glez (review)

From: Hispania
Volume 99, Number 2, June 2016
pp. 361-362 | 10.1353/hpn.2016.0049

In lieu of an abstract, here is a brief excerpt of the content:

Reviewed by Patricia López-Gay
Gómez Glez, Mar. La edad ganada. Barcelona: Caballo de Troya, 2015. Pp. 155. ISBN 978-8-415-45149-5.

 

El último libro de Mar Gómez Glez, La edad ganada, visionaria apuesta de la editorial española Caballo de Troya, propone un relato fronterizo ante el cual no cabe la indiferencia lectora. Laureada por su pieza Cifras (2012) con el más alto galardón para dramaturgos emergentes en España, el Premio Calderón de la Barca, la madrileña Gómez Glez reside en Estados Unidos desde hace una década. Es reconocida autora de múltiples obras de teatro, de la novela Cambio de Sentido (2010), y de relatos que ha venido publicando a ambos lados lados del Atlántico en medios como Frontera D, Words Without Borders o Translation Review. Con La edad ganada, Gómez Glez confirma su presencia irrevocable entre las más originales y desgarradoras voces de las narradoras española e hispanounidense contemporáneas. Altamente recomendable tanto para el público especializado como para el general, esta obra habría de suscitar gran interés en cuanto a sus posibles usos docentes.

En La edad ganada se suceden, tiernas o descarnadas, quince escenas que rastrean sin reverencias momentos de la experiencia vital de una personaje sin nombre. Los críticos han calificado indistintamente esta rara avis narrativa de novela o de colección de relatos cortos. Las historias oscilan entre una frase (“Dieciocho”, 95) y dieciséis páginas (“Diecinueve”, 96–112). Pueden leerse como cuentos unitarios o bien—así lo sugeriré en adelante—como una serie de episodios interconectados y linealmente dispuestos. Las letras cuidadosamente escogidas de Gómez Glez son por momentos despiadadas, en sintonía con el tejido de lo real-imaginado que estas parecerían buscar atrapar. Surge una narración intimista de lo femenino que en ningún momento sucumbe al fácil lirismo. El lenguaje es directo y necesario, trazo sensible que ahonda en la exploración arriesgada del poder de acción o agencia que la niña-mujer va ganando paulatinamente, con la edad que no pasa en balde.

Haciendo eco del título, cada uno de los fragmentos aparece introducido por una cifra que el lector muy previsiblemente atribuirá a la edad de la personaje. El libro consta de dos partes. La escisión se produce en el capítulo “Dieciocho” y parece innecesaria, dicho sea de paso, aún más así cuando para ello se elige un número tan fácilmente simbólico, coincidente en el mundo diegético, para más inri, con la sobreentendida pérdida de la virginidad del personaje. Provocando lúdica confusión, la “Primera parte” (10–92) se abre con el breve texto “Dos”, donde una voz juguetona se dice un pie; siguen “Cuatro”, “Ocho”, “Nueve”, “Diez”, “Doce”, “Catorce” y “Quince”, incursiones en la lógica infantil y adolescente que hablan de la crueldad consabida o involuntaria del adulto con los niños y los no ya tan niños, o de las rivalidades y hermandades surgidas entre estos últimos. Todo ello, en el marco de estructuras afectivas y de poder dadas como la escuela, la familia y, más ampliamente, la sociedad, estructuras intrínsecamente ancladas en una falta de comunicación donde se origina el repliegue del personaje sobre sí. La mirada que se cierne sobre el mundo es no obstante en última instancia esperanzadora. La incomunicación parece felizmente superada, desbordada, en el último capítulo, “Treinta” (141–55). Flâneuse, la chica deambula en la ciudad Nueva York enfrentándose a fantasmas pasados y futuros. Entablando cuando así elige hacerlo el diálogo intermitente con desconocidos, la chica deviene agente consciente de sus pasos, al tiempo que la luz de luna lo baña todo, incluido el espacio que media entre ella y el mundo.

Anuncia la cita que introduce La edad ganada que “la realidad del mundo … no corresponde a nuestros deseos, entonces, para manejarla, no se debe partir de los propios deseos” (7). Son palabras de Norbert Elias en El proceso de civilización, propuesta de un modelo de pensamiento de…

 

Contenido completo en: http://muse.jhu.edu/article/618966

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